Su tratamiento no depende solo del tumor, sino también del estado del resto del hígado y de la situación general del paciente.
El hepatocarcinoma es el tumor maligno primario del hígado más frecuente. Habitualmente aparece sobre un hígado previamente enfermo, especialmente en pacientes con cirrosis, hepatitis crónica o enfermedad hepática metabólica.
Su tratamiento no depende únicamente del tamaño o número de tumores, sino también del estado del resto del hígado y de la situación general del paciente.
Muchas de las enfermedades que favorecen su aparición pueden prevenirse o tratarse:
El seguimiento adecuado de los pacientes con enfermedad hepática crónica permite diagnosticar muchos tumores en fases en las que todavía pueden realizarse tratamientos con intención curativa.
Existen diferentes alternativas y la elección debe realizarse de manera individualizada.
Entre los tratamientos con intención curativa se encuentran la resección hepática, el trasplante de hígado y determinadas técnicas de ablación.
En otros pacientes pueden utilizarse tratamientos locorregionales —como embolización o radioembolización— y tratamientos sistémicos.
La decisión entre cirugía, trasplante, ablación u otras terapias requiere una valoración conjunta por especialistas en cirugía hepática, hepatología, oncología, radiología intervencionista y trasplante.
El tipo de resección depende de la localización del tumor y de la cantidad de hígado sano que debe conservarse.
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